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miércoles, 16 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Ruta de Santa María de Dulcis en Buera

Ruta de Santa María de Dulcis en Buera (Somontano, Huesca, Aragón, España)

Duración aproximada: 2 horas en total si se realiza a pie.
Dificultad: Ninguna, ya que se trata de un camino asfaltado.
Época: Todo el año.
Longitud: 4 kilómetros en total.
Punto de partida: calle Mayor de la localidad de Buera.
Desnivel acumulado: 40 metros.
Recomendaciones: Aunque en el Santuario de Dulcis hay una fuente, se recomienda llevar algo de agua para el camino.

Buera es un lugar excelente para realizar sencillos itinerarios por las onduladas serranías del norte de la Comarca del Somontano, en las que sorprende la diversidad de colores y formas, como si de un mosaico se tratara. A través de la ruta de Santa María de Dulcis también es posible conocer importantes elementos artísticos y etnográficos integrados en el Parque Cultural del Río Vero.

Antes de partir de Buera es conveniente pedir la llave del Santuario de Dulcis en casa de Ana (Cl/ Mayor, número 1). De la calle Mayor, situada a la entrada de la localidad, parte el camino asfaltado que debemos tomar. A lo largo del recorrido existen varios paneles interpretativos, en los que se ofrece una valiosa información de los diferentes elementos de interés.

En primer lugar se atraviesa el Llano de San Juan, donde se extienden los campos de cultivo limitados por viejos muros de piedra. A lo lejos pueden verse las siluetas inconfundibles de la Sierra de Guara, de la Sierra de Sevil y de la villa medieval de Alquézar. A 700 metros de Buera encontramos la ermita de San Juan Bautista, lugar donde se reúnen, el domingo más próximo a cada 24 de Junio, los jóvenes y mayores de Buera a saborear los bocadillos, tortas y vinos que las Mairalesas preparan para la fiesta de San Juan.

De la misma ermita, en un desvío a la izquierda, parte el camino que conduce, en tan sólo 5 minutos, al magnífico Pozo de hielo de 'Os Moros', obra de planta circular y grandes dimensiones, cubierta con una hermosa cúpula totalmente construida en piedra y semienterrada a un nivel inferior al suelo.

Según la tradición allí se ponían en su interior placas de hielo cogidas del barranco, estando cada capa de placas de hielo, separada de la siguiente por capas de paja. Estas láminas recias de hielo eran usadas en verano para refrescar. Comentan los más mayores de la zona que este hielo era transportado por la noche para ser usado por los jefes musulmanes residentes en el castillo de Alquézar. Este pozo podría perfectamente ser romano y no árabe. El hielo y la nieve eran muy apreciados, especialmente desde finales del siglo XVI, llegando a convertirse en una fuente de ingresos económicos esenciales para los Concejos que disponían de ellos.

De nuevo es necesario regresar a la ermita de San Juan para proseguir la ruta que conduce al Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, testigo del continuo ir y venir de multitud de peregrinos jacobeos que hacían un alto en el camino. Situado en un bello paraje poblado de encinares y quejigales, y en una pequeña explanada donde, oculta entre centenarios olivos y esbeltos pinos, se alza una sobria ermita de austeros muros, guardianes de un auténtico tesoro mudéjar para todos los amantes del arte.

El Santuario de Santa María de Dulcis data del año 1610, y está construida sobre un antiguo templo románico. Según la leyenda, tras la expulsión de los moros de estas tierras durante la reconquista, la imagen de la Virgen apareció sobre un panal de miel, siendo éste el origen de su advocación. El recinto era un importante centro espiritual que dependía de la cercana Colegiata de Alquézar, y un punto de descanso para viajeros y peregrinos.

La casa donde vivían los monjes encargados de su cuidado, y una pequeña hospedería con cuadras; sin embargo, actualmente sólo queda en pie la ermita, aunque podemos llegar a intuir la importancia del lugar al contemplar los grandes arcos de la antigua hospedería, que se resisten a caer en el olvido. Pero es en el interior, donde el lugar sorprenderá más al viajero con sus yeserías mudéjares. La vista se pierde entre entramados geométricos imposibles, para terminar fijándose en la bóveda, el auténtico corazón de la ermita.

Junto al templo existe un área de descanso, con fuente y paneles de información para el turismo. También se sitúa el singular 'Bosque de los Olivos', representativo de la importancia que tiene este cultivo en la zona, y donde es posible conocer las 13 variedades de olivo existentes en estas tierras: Royal, Negral, Alía, Alquezara, Gordal, Cerruda, Alquezrana, Neral, Piga, Arbequina, Blancal, Panseñera, Verdeña y Empeltre.

Del santuario parte el camino que conduce al Mirador de la Barraca, desde el que puede disfrutarse de excelentes panorámicas de este sector del Somontano. Pocos metros más adelante es posible tomar el camino que enlaza con el de regreso a Buera.

Desde el Camino de Dulcis es posible realizar otras rutas senderistas señalizadas, como acceder a Colungo a través del Sendero Histórico, o a Salas Altas siguiendo la Ruta de las ermitas del Somontano.

Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'

lunes, 14 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, en Buera

Santuario de Nuestra Señora de Dulcis en Buera (Somontano, Huesca, Aragón, España)

El Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, en Buera, construido a mediados del siglo XVII, y declarado como BIC (Bien de Interés Cultural) en el año 2002, fue edificado sobre la base de un pequeño templo románico del siglo XIII, siendo dependiente de la cercana Colegiata de Santa María de Alquézar.

El primitivo templo debió de quedarse viejo, pequeño para la gran afluencia que soportaba, melancólico y oscuro; y por ello, en el año 1658 se emprendió la construcción del nuevo santuario, que ha llegado hasta nuestros días. El siglo XVII, especialmente en Aragón, fue época de crisis política, económica, hambrunas, epidemias y guerras. Ante tantas penurias, un hondo sentimiento de religiosidad llevará a las comunidades a asumir los gastos en la construcción de nuevos templos, capillas y oratorios.

En este contexto debe interpretarse la construcción del Santuario de Dulcis, y así se muestra en las dificultades económicas que se hubieron de superar para finalizar las obras. Un ejemplo de ello fue la solución adoptada por las mujeres del lugar para donar el dinero proveniente de la venta en los mercados de los huevos, que pusieran las gallinas los sábados, y así poder financiar las obras del templo, que se concluiría en 1664.

Actualmente la iglesia se levanta exenta, ya que los edificios que conformaban la 'Casa' con las dependencias de la comunidad y la hospedería fueron demolidos, quedando sólo algunos paramentos de sillar y la cisterna o aljibe donde se recogía el agua de lluvia, todo ello junto a la fachada sur del templo. Precisamente en el primer tramo de la nave de este muro, junto a la capilla, se abría uno de los accesos al interior, en arco de medio punto dovelado. También son visibles algunos de los contrafuertes originales de la fachada. La casa proporcionaba habitación al Prior y capellanes, y era utilizada como hospedería para peregrinos y viajeros por la Comarca del Somontano. Constaba de cuatro plantas. En la planta baja tenía bodega, lagar con tres cubas de vino y una cuadra espaciosa.

Exteriormente, muestra un aspecto sobrio y austero, sin ornamentación propio del barroco aragonés, debido a las dificultades económicas del momento los materiales elegidos para la construcción son austeros: generalmente ladrillo y escaso uso de la piedra sillar. Sin embargo, el interior del templo ofrece una decoración de yesería de tradición mudéjar, que es lo más sobresaliente de esta iglesia. Dulcis es uno de los edificios más completos y espectaculares decorados con este tipo de ornamentación, que se impondría en Aragón después de 1610. La fachada norte ha sido revocada con cemento y cal, dejando visibles las esquinas, el basamento de sillar y cuatro zonas en la parte alta donde se aprecia el aparejo original de ladrillo. Se completa esta fachada con tres contrafuertes.

La fachada está compuesta por dos cuerpos: el inferior con basamento de piedra sillar ligeramente resaltado, y el superior realizado en ladrillo. La separación entre ambos se realiza con una imposta de ladrillo aplantillado en cuarto de bocel y una hilada del mismo material en saledizo. Todavía se aprecian en la zona de ladrillo los mechinales que fueron tapados en alguna anterior restauración.

Sobre el tejado a doble vertiente cubierto con teja árabe, únicamente sobresale el volumen octogonal de la linterna de la cúpula del presbiterio realizada en ladrillo, donde abre un vano en arco de medio punto en cada lado entre pilastras que sobresalen en las esquinas.

La entrada principal se sitúa en la fachada de los pies, orientada al oeste, única realizada enteramente en piedra sillar. En el centro abre la portada en arco de medio punto dovelado, sobre el que se coloca una hornacina avenerada. En la parte superior está el óculo que ilumina la nave desde el coro, completando la composición de la fachada.

Al entrar en el templo se pasa bajo el sotocoro que soporta el coro alto, sobre amplio arco carpanel. Lo primero que llama la atención es un pilar colocado en el centro de la nave y que sirve para garantizar la estabilidad de la nave en esta parte de la bóveda.

La iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de lunetos y dos capillas laterales a modo de crucero. Los tramos de la nave se separan por pilastras de escaso relieve adosadas a los muros, que se prolongan en altura mediante arcos fajones o perpiaños que ciñen la bóveda y la dividen en sus cuatro tramos. Una cornisa a modo de entablamento y que va adaptándose en su recorrido a los avances de las pilastras, decorada con dentículos o dentellones, recorre toda la longitud de los muros, incluidos los laterales del presbiterio. Mediante esta solución se crea desde los pies de la nave una perspectiva que lleva a dirigir la mirada instintivamente hacia el punto focal más lejano: el presbiterio, de planta cuadrada, cubierto con cúpula sobre pechinas provista de linterna y a su lado norte se adosa la sacristía. El elemento más destacado de este edificio es la magnífica decoración interior de yeserías en: bóveda de cañón, arcos fajones, arcos torales, cúpula del presbiterio y capillas laterales. Dos repertorios ornamentales diferentes se conjugan en Dulcis; de un lado, los de clara raigambre mudéjar, que se ubican en la bóveda de la nave, capilla del lado sur y algunos elementos de la decoración del presbiterio, como el entrelazo y las estrellas; de otro, los de carácter 'más barroco', de filiación clásica y occidental, como los que se hallan en la capilla del lado norte y en otras zonas del presbiterio. La técnica para el tratamiento del yeso, es mixta: combina la talla y el molde. Partiendo de una red esbozada y marcada previamente sobre los planos de yeso fresco de la bóveda, se procede a la talla de los lazos o cintas, que se entretejen formando diseños geométricos. En los huecos que deja esta red, se aplican motivos elaborados a molde. Esta conjugación de estilos consiguen crear un espacio dotado de una gran plasticidad y movimiento.

La nave se estrecha al llegar al arco triunfal por el que se accede al presbiterio. Este estrechamiento se produce por una pilastra doblada y por el avance de las jambas del arco hacia el eje longitudinal de la nave. Este avance viene dado por la necesidad de compensar el peso que debe soportar este arco, que no puede distribuirse como en los otros tres torales mediante su apoyo en los muros.

Los paños que decoran la bóveda ofrecen un repertorio ornamental sumamente variado: todos ellos son diferentes. Los paneles presentan una decoración seriada, susceptible de ser prolongada hasta el infinito. Las estrellas con las que han sido cubiertos estos paneles simulan la bóveda celeste. La luz natural y, más aún la de las velas, produce la sensación de que la bóveda ha perdido su consistencia sólida, generando un espacio fluido e inmaterial, efecto éste que viene potenciado por la utilización de la bicromía blanco-crema.

Esta bicromía contrasta con la de blanco-gris que es aplicada en el presbiterio, en donde además de la utilización de ornamentación de tradición mudéjar, se utiliza el repertorio clásico. Otro elemento que redunda en la singularización de este espacio, es el tratamiento de la luz natural. Mientras que la nave, iluminada sólo por el óculo abierto a los pies, queda en penumbra, la luz que penetra a chorro por la linterna de la cúpula, ilumina vivamente el presbiterio.

La decoración con yeserías de lazo, supuso una auténtica moda ornamental en todo Aragón en el siglo XVII, pero pocas de estas obras alcanzan la perfección y la calidad técnica de la que hicieron gala los maestros que trabajaron en Santa María de Dulcis.

Las yeserías de Nuestra Señora de Dulcis son por su estado de conservación y por su riqueza decorativa un raro ejemplo de arte barroco aragonés de estilo mudéjar junto a una de las capillas de La Seo de Zaragoza, y las iglesias altoaragonesas de Juseu y Peralta de la Sal. Estas bóvedas de yeserías han recuperado el esplendor de antaño tras haber sido restauradas recientemente.

La restauración ha permitido completar la reforma del resto de las yeserías del templo, así como la consolidación de paredes, carpintería, alumbrado y suelo. La actuación se ha completado con la urbanización del exterior, el merendero, la fuente y la señalización para el turismo del ‘Bosque de los olivos’, representativo de la importancia que tiene este cultivo en la zona. Los nombres de las variedades de olivas que se dan en este bosque son: Royal, Negral, Alía, Alquezara, Gordal, Cerruda, Alquezrana, Neral, Piga, Arbequina, Blancal, Panseñera, Verdeña y Empeltre.

La ermita de Santa María de Dulcis es centro espiritual de primer orden de la Comarca del Somontano, y lugar tradicional de romería a principios de mayo y al que acuden vecinos de Buera, Alquézar, Radiquero, San Pelegrin, Colungo, Asque y Huerta de Vero. La tradición de venerar a la Virgen en este lugar, en el que se apareció, se remonta al siglo XII. Las primeras noticias documentales que se poseen del lugar, son de esta época y aparece con el nombre de "Ocis", "de Ozis" y "d’Ulcis", para posteriormente derivar en el término Dulcis, con el que hoy se conoce. Se sitúa en un plano en el que abundan las aliagas, el romero y el tomillo y son numerosos los panales de abejas en sus alrededores, y a partir del cual, surgirá la leyenda popular que tras la expulsión de los moros de estas tierras durante la reconquista, se apareció la Virgen sobre uno de aquellos panales de miel, en el lugar que hoy se venera su imagen.

Este lugar también tiene un alto valor etnográfico, debido a su vinculación con el cultivo del olivo. La tradición popular otorga a la Virgen de Dulcis propiedades de curación y protección frente a enfermedades relacionadas con la garganta. Hoy todavía se conserva la tradición de ungir la lengua a los niños con aceite del santuario para que aprendan a hablar pronto y sean locuaces. También se conoce de peticiones para la curación de enfermedades tan curiosas como el garrotín, viejo nombre de la difteria.

Reloj solar


Los visitantes de Buera, sus vecinos y aquellos amantes del contacto con la naturaleza y el patrimonio ya pueden perderse por los alrededores del santuario de Santa María de Dulcis o por el 'Bosque de los Olivos' sin el temor de que se les eche el tiempo encima. Un gran reloj solar marca las horas a la antigua usanza del medio rural proyectando la sombra del astro rey sobre doce olivos plantados entre la ermita y el bosque formado por todas las especies olivareras que se cultivan en la comarca del Somontano.

Se trata de un reloj de sol horizontal de grandes dimensiones, con 20 metros de largo por 14 de ancho y 11 metros de mástil. La singularidad radica en que cada una de las horas que marca coincide con un olivo de una variedad de la comarca del Somontano.

La creación de este reloj solar ha sido un trabajo de colaboración conjunto entre el Museo Ca l'Agustí de Alpicat, el Torno de Buera y la Asociación Olearum donde el equipo humano ha sido fundamental para su realización. El diseño ha sido realizado por Agustín Serés y en su construcción ha participado también Mariano Lisa, ambos miembros de Olearum.

Con la instalación de este reloj se pretende rendir un nuevo homenaje al olivo donde el tiempo parece detenerse, y a sus gentes, aquellas que con su esfuerzo, y sacrificio permiten que las generaciones futuras le vean crecer.

Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'

jueves, 10 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Ruta de las Ermitas en el Somontano

Ruta de las Ermitas en el Somontano (Huesca, Aragón España)

Duración aproximada: Media jornada.
Dificultad: Baja.
Época: Todo el año.
Longitud: 13 kilómetros.
Punto de partida: Cualquiera de las localidades por donde transcurre la ruta. Se trata de una ruta circular.
Desnivel acumulado: 300 metros.
Recomendaciones: Previsión de agua y llevar calzado adecuado. No desviarse del itinerario marcado y evitar días de máximo calor.

'Cinco pueblos, una ruta', es el lema de la ‘Ruta de las Ermitas’ que recorre cinco poblaciones vecinas del Somontano, y que contaron con fuertes lazos de unión en el pasado. Los municipios que forman parte de este recorrido son Santa María de Dulcis, Salas Altas, Salas Bajas, Pozán de Vero y Castillazuelo. Se trata de un recorrido apto para todos los públicos, abarcando 13 kilómetros se pueden realizar a pie o en bicicleta de montaña, a través de senderos balizados; y en coche. Está entre los itinerarios más largos de la Comarca del Somontano.

Para el turismo, el itinerario es homogéneo en su señalización, con balizas en cruces, puntos de recordatorio, postes y flechas en lugares concretos donde pueden surgir dudas; barandillas de madera en área con zonas de desnivel, balsas o pendientes. Además, se ha empleado la misma madera tratada en cada pueblo y se han instalado, en cada localidad, paneles de inicio e interpretativos de la Ruta con información general, cartografía, recomendaciones y datos relativos a las ermitas. El camino es atrayente y cómodo para el senderismo. Además, se puede entrar y salir de cada uno de los caminos que llevan a las ermitas sin necesidad de completar todo el trayecto.

La ruta transcurre por senderos prácticamente llanos con sólo un desnivel de 300 metros en el monte de Salinas que separa Buera y Salas Altas. La ruta es circular, es decir que se puede iniciar desde cualquiera de los municipios citados. Los accesos a las ermitas están señalizados y en cada ermita se ha levantado un cartel que habla de la ruta y de las características patrimoniales del templo, incluso la localización de la llave, así como de otros encantos con los que cuenta la población.

La ruta recorre las cuatro ermitas de San Fabián y San Sebastián en Castillazuelo, San Macario en Pozán de Vero, El Plano en Salas Bajas y La Candelera en Salas Altas; así como, el Santuario de Nuestra Señora de Dulcis en Buera. Todas ellas de estilos diferentes.

El itinerario conjuga el interés paisajístico con la posibilidad de conocer cada una de las cinco localidades. Durante el trayecto, se recorren zonas de viñedos, olivares centenarios y otros alicientes naturales que invitan al recorrido tranquilo. A la variedad del paisaje, con la cordillera pirenaica de fondo, se suman la riqueza del patrimonio histórico y los hermosos conjuntos urbanos, a las puertas de la gran reserva natural de Guara.

Además de este valor paisajístico hay que destacar la riqueza antropológica que ofrece esta propuesta ya que al margen de su calidad artística y de su valor arquitectónico, estos templos son un auténtico epicentro espiritual para los vecinos y en torno a ellos gira el ciclo festivo y religioso del pueblo. Las cinco son referencias de advocaciones marianas y tradiciones populares muy arraigadas entre los vecinos de cada municipio.

La Ruta, si se comienza en Castillazuelo, ofrece la posibilidad de visitar la iglesia de San Salvador, correspondiente al siglo XVIII, y cruzar el puente medieval hasta el Centro de Interpretación del río Vero, que alberga ruinas de la fortaleza medieval en lo alto del pueblo. La pequeña ermita de San Fabián y San Sebastián es de construcción sencilla, en 'lajetas', y adosada al cementerio. Los vecinos la consideran como segunda iglesia.

En Pozán de Vero destacan la iglesia parroquial, del siglo XVIII, y las casas construidas con tapial, piedra y ladrillo de los siglos XVI y XVIII, como itinerario urbano previo a la ermita de San Macario, construida a finales del siglo XVIII. Su portada de medio punto con dovelas decoradas con motivos de simbología astral es el aspecto más atrayente. El edificio consiste en una nave de planta rectangular y en el muro meridional se ubica la capilla del Santo Cristo, donde se conservan singulares pinturas murales del día y de la noche. En la visita a la localidad se recomienda también la senda de los Azudes de Pozán en el cauce del río Vero.

El recorrido sigue hacia Buera, en el municipio de Santa María de Dulcis, donde cabe destacar la iglesia parroquial de San Juan Bautista, de estilo medieval, y son curiosas las visitas a los patios empedrados con losas y cantos de río, así como a la antigua almazara que tiene su origen entre los siglos XVII y XVIII. Cerca del pueblo está el Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, del siglo XVII, de estilo barroco, en cuyo interior se aprecia la magnífica decoración de yeserías. Se trata de uno de los lugares más habituales para la celebración de romerías por parte de los pueblos de la zona con influencia geográfica del río Vero y, según cuenta la tradición, los niños cuya lengua se unten con el aceite de la lámpara del altar, de mayores serán 'adultos locuaces'. De camino hacia el santuario, se encuentra el Pozo d'os Moros y, cerca de Dulcis, el 'Bosque de los Olivos', lugar aconsejable para un paseo tranquilo.

En la localidad de Salas Bajas, se erige la iglesia parroquial de estilo barroco tardío y grandes dimensiones, construida en el siglo XVIII y dedicada a San Vicente Mártir. En las fachadas de algunas casas, se aprecian hornacinas para el santo patronal y, por un sendero rodeado de viñedos, se llega hasta la ermita de la Virgen del Plano de origen medieval, que alberga restos de un mosaico romano y cuenta con claustros de columnas pareadas.

La última parte de la Ruta llega a la ermita de La Candelera, en Salas Altas. Según referencias históricas locales, fue una torre defensiva durante la conquista cristiana, y más tarde iglesia parroquial hasta el siglo XVI. El lugar, a 631 metros de altitud, es un balcón natural excelente desde el que se divisan muchas localidades de la Comarca del Somontano y amplias panorámicas de viñedos. Sin duda, un enclave ideal para terminar el recorrido senderista.

Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'