viernes, 29 de abril de 2011

Descubre el Somontano: Camino Ra Guardia en Castillazuelo

Camino Ra Guardia en Castillazuelo (Somontano, Huesca, Aragón, España)

Duración aproximada: 3 horas.
Dificultad: baja.
Época: todo el año, aunque es preferible evitar los días de máximo calor para salir al monte. Es recomendable en días fríos de invierno por la nitidez del paisaje.
Punto de partida: Plaza de Castillazuelo.
Desnivel acumulado: 221 m.
MIDE:
  • Severidad del medio natural: 1.
  • Dificultad de orientación: 1.
  • Dificultad de desplazamiento: 2.
  • Esfuerzo requerido: 2.
Tipo de Ruta: Ruta lineal, bicicleta de montaña y senderismo.
Espacios de Interés: Vistas panorámicas, cantera, ruta de interés geológico.
Recomendaciones: ir provistos de agua y utilizar calzado adecuado.

Antiguo camino de herradura, que sólo pueden transitar por él caballerías pero no carros, y que actualmente está poco transitado. También se empleaba para acceder a pequeños campos de cultivo, hoy yermos. Sirve para acceder al punto más alto de ra Guardia (586 m). El camino discurre por los ondulados paisajes del sector central de la Comarca del Somontano y sur del Parque Cultural del Río Vero. Realizando este recorrido es posible disfrutar de amplias panorámicas, especialmente hacia el norte, y del diverso mosaico de campos de cereal, viñedos, oliveras y encinares.

Desde el punto de vista geológico ra Guardia se compone de rocas calcáreas; corresponde a una escama desarraigada que ha sido transportada por el frente del manto de Gavarnie, al igual que el vecino Pueyo. Un manto, desde el punto de vista geológico, es la capa situada debajo de la corteza de la Tierra.

Esta ruta comienza y finaliza en la Plaza de Castillazuelo.

Salimos de la plaza del pueblo, cruzamos el puente, pasamos por al lado del Centro de Interpretación del Río Vero y subimos por la calle asfaltada de Ro Plano, llegando a ro Lugar Alto de Castillazuelo. Una vez allí, podemos detenernos a contemplar los restos del antiguo castillo.

Seguidamente se llega a la carretera del Canal, por la que proseguiremos hacia la izquierda hasta encontrar, a unos 200 metros, el pajar de Casimiro y el desvío a la izquierda que se dirige al Monasterio del Pueyo. Es ésta la parte de todo el itinerario donde más se nota la mano del hombre por discurrir entre campos de cereal, almendrales, algún olivar y grandes viñedos.

No dejaremos este camino hasta topar con la carretera asfaltada que conduce a la N-240, en el cruce del Tejar o camino La Paúl. Cogemos el camino de la izquierda, tramo que se suaviza bastante, y al poco rato atravesamos los Alcabeces, y poco después comienza la subida de las Malladas. El camino se empina bastante hasta llegar a la Cabañera. Continuamos de frente. Al llegar a la Val del Pueyo, estamos atentos, pues hay que tomar el primer desvío a la derecha, junto a un almendral, donde el itinerario se convierte en un camino de tierra (señalizado con poste y flechas de madera). Pasamos junto a un campo de almendros y un casetón de piedra, llamada caseta de Puente, resguardado bajo grandes encinas y bordearemos un olivar. Más arriba el camino se convierte en una pequeña y bonita senda, que va ascendiendo progresivamente, pasando por una zona de abundante vegetación. No tendremos ningún problema para continuar porque está marcado con balizas de madera.

A nuestro paso encontramos el impresionante carrascal de la cara norte, y también gran cantidad de chinebros (enebros), así como bucho (boj) en las zonas de sombra, madreselva, gamón, orquídea, violeta, plantas rupícolas como el té de roca abundante en las solanas, etc...

Respecto a la fauna, la zona es habitada por multitud de especies, aunque las que con más probabilidad nos podemos encontrar son: alguna bandada de perdices, y con un poco de suerte algún ziquilín (cernícalo).

En 5 minutos llegamos a la pista empleada en la explotación de la cantera de Andreu, y al terminar esta, nos topamos con el corte superior de la cantera. Seguimos por la senda, jalonada con pequeños hitos de piedra, intentando buscar el camino más lógico y más despejado de aliagas. En pocos minutos nos plantamos en lo alto del tozal de La Corona, mirador de ra Guardia ubicado sobre el imponente farallón calizo creado por la apertura de la explotación. Desde allí, en un día despejado, se pueden disfrutar de magníficas vistas sobre el Pirineo (pico Aneto, Cotiella, Peña Montañesa, Macizo de las Tres Marías y Tres Sorores, Sierra de Sestrales,...) de Guara (Sevil, Sierra Lupera, Tozal de Cubillas, Gratal,...) y de los imponentes frentes de cantera.

Esta posición antiguamente servía como atalaya para observar y vigilar el territorio, de manera que bien pudo haber habido allí alguna pequeña fortificación. Más modernamente, ra Guardia ha sido un punto estratégico para combatir las tormentas de granizo; desde su cima se domina prácticamente todo el término municipal por lo que era muy práctico para lanzar los polémicos cohetes antigranizo e intentar salvaguardar las cosechas.

Después de reponer fuerzas, nos podemos acercar a la cara sur de la Guardia, también llamada la 'Tresguardia'. Si paramos en un punto con una amplia y bonita visión en el horizonte, hacia el Somontano sur, y disponiendo de prismáticos, es posible admirar numerosas rapaces: alimoches, buitres, milanos.

El antiguo sendero discurre por la cresta entre abundante vegetación de monte bajo, en algunos tramos desdibujado al estar poco transitado. Llegamos hasta una vaguada donde las paredes rocosas pierden altura y desaparecen las cortadas, allí es el punto por donde se accede a la cara sur de Ra Guardia. Cruzamos al otro lado y llegamos a las cuevas de la Guardia, situadas al borde de la cortada natural de roca caliza. Desde aquí podemos contemplar las diferencias del paisaje de 'las Chesas', donde escasean los árboles y predomina el monte bajo.

Regresaremos por el sendero que recorre las paredes de Valcheladas, rodeando la cantera, paraje frecuentado desde hace muchos años por los montañeros, y donde hay numerosas vías de escalada.

Como premio para los más observadores, y con un poco de suerte, es posible ver surcar en el cielo el vuelo majestuoso de algún quebrantahuesos.

Regresamos por el bosque de quejigos y retomamos el itinerario de ida.

Si queremos hacer más turismo, también podemos optar por un itinerario de regreso distinto, si seguimos el mismo camino hasta la Cabañera, y allí tomamos a la izquierda el antiguo camino de la Chesa, un camino muy poco transitado, que nos conducirá al camino del Pueyo, y de aquí, sin mayores problemas, llegaremos al punto de partida.

Cantera de Ra Guardia


Cada 9 de mayo, festividad de San Gregorio, los vecinos de Castillazuelo acudían a ra Guardia en procesión. Esta procesión, antes de la Guerra Civil de 1936, se realizaba el día de Santa Cruz, el 3 de mayo. Salían de la iglesia de San Salvador portando el pendón. Una vez allí, clavaban la bandera en un agujero natural y se 'bendecían los términos'. A través de este ritual se protegían los campos y los sembrados y se garantizaban así las cosechas. Al terminar, se almorzaba, para después concluir la romería en el Pueyo. De regreso en el pueblo, la fiesta concluía en la plaza con el ondeo del pendón.

La zona de ra Guardia, de suelos pobres, siempre fue tierra 'mala' para cultivar. Antiguamente era monte comunal que luego se parceló para repartirlo entre los vecinos. Tan mala fama tenía ese terreno que los dueños regalaban algunas de sus propiedades.

Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'

viernes, 1 de abril de 2011

Descubre el Somontano: Ermita Virgen de la Bella en Castejón del Puente

Ermita Virgen de la Bella en Castejón del Puente (Somontano, Huesca, Aragón, España)

La Bella, de Viella o Vella, puede significar 'la antigua', puesto que ya era venerada en tiempos de los godos, o referirse a la singular hermosura y belleza que tenía la imagen de la Virgen. Este antiguo santuario está situado al este del núcleo de Castejón del Puente, a poco más de un kilómetro de distancia, sobre una atalaya dominante del río Cinca.

Hay una teoría que sitúa su primitiva ubicación junto al puente, aguas arriba. Allí hubo capilla ya dedicada a la Virgen que sería trasladada por los templarios al extremo oriental del Monte del Castillo.

Se trata de una iglesia con planta rectangular rematada por un ábside, ya desaparecido; al interior subsiste la bóveda apuntada y sostenida por cinco arcos fajones de clara factura gótica. Obra de transición entre el románico y el gótico.

Unas arcuaciones ciegas en la parte del paramento que enlazaba ábside y nave, dicha decoración parece lombarda y coincidiría con una etapa anterior al resto de la nave. Lo cierto es que Jaime I, que había estado de niño en la ermita, dio estas tierras, antes que a los templarios a Alaón, monasterio ubicado en la ribagorzana localidad de Sopeira.

Al exterior tuvo una puerta al norte que comunicaría con el claustro, ubicado en el actual espacio ajardinado. Al otro lado estuvo la casa del santero. Sobre la ermita, en el punto más elevado por este lado del Monte Castillo, quedan restos de cimentación para una construcción cuadrangular, probablemente de un torreón que no faltaba en las casas templarias. Tampoco faltó el recinto murado que aún se puede ver, a pesar de haber perdido bastante altura.

La iglesia fue reajustada en la cabecera y a los pies. El testero semicircular acabó sucumbiendo en una reforma dieciochesca que creó un nuevo altar de la Virgen con camarín y deambulatorio por detrás para besar la imagen (hoy el presbiterio ha recuperado su aspecto original). Más recientemente se realizó una vidriera que aún subsiste. A los pies también se habilitó un nuevo espacio para instalar el preceptivo coro, tras las reformas tridentinas. Afortunadamente, por este lado la obra no fue tan funesta y se salvó la portada de medio punto con tres arquivoltas que debió enmarcarse por guardapolvo, a juzgar por la huella que queda en la fachada. La segunda arcada descansa sobre capiteles de decoración sencilla y estos sobre fustes semicirculares con pequeñas basas. Sólo es original el de la derecha que contiene una fina lacería. El otro tuvo que ser repuesto.

Esta portada tuvo atrio que fue desmontado para que al menos se pudiera ver este último resto románico. El atrio sirvió de refugio y tenía bancos corridos al interior.

La sillería es buena y tan bien asentada que a veces da sensación de no tener argamasa. Va toda con marcas de cantero. Desde las dependencias contiguas se pueden ver unos tres labrados. El vaciado del material de relleno entre contrafuertes y arcos, produjo un desajuste de los arcos fajones que empezaron a abrirse y tuvieron que sujetarse mediante tirantes de acero. Hoy se han edificado contrafuertes de cemento que detienen la apertura de los muros.

El interior ha sido restaurado, en el muro meridional, hasta hace poco, aún se podían observar los sillares chamuscados en el incendio de 1896. El resto de las paredes estaban provistas de una recia capa de estuco que ha sido retirada. En el muro sur, sobre una de las pilastras, han aparecido restos de pintura mural de la época en que se levantó el templo (siglo XIII), la imagen de más abajo parece una estampa jacobea con un cielo estrellado de fondo y un santo o virgen con aureola.

Las actuaciones que se han efectuado en la iglesia, anejos y entorno dieron como resultado el hallazgo de restos de construcción romana y aljibes de esa época. Es posible que aquí hubiera un castro romano que controlara el tránsito en la vía Ilerda-Osca por el puente sobre el río Cinca, y cuya guarnición se encargaría de proteger el tramo de calzada de bandidos.

Cuenta la leyenda que durante la invasión musulmana se escondió una talla románica de la Virgen para protegerla. En el año 1089, se reconquista Castejón del Puente, a la vez que Monzón. Una noche, un pastor llamado Domingo Rivera vio una luz que resplandecía junto al templo. Fue al pueblo para avisar a los vecinos, que picaron donde estaba la luz y encontraron la talla original.

La llegada de los templarios, tras las dos conquistas aragonesas de estas tierras y un período de dominación señorial mediante tenentes, supuso la edificación de un monasterio o casa templaria que sigue los mismos cánones que otras de las órdenes militares en la Comarca del Somontano, como por ejemplo en la Virgen del Treviño en Adahuesca.

Y así, durante más de tres siglos, esta ermita se convirtió en la parroquia, hasta que en 1562 surge la nueva iglesia dedicada a la Asunción, y nuestra ermita pasa a llamarse la vieja o La Bella.

Hubo aquí también ermitaño que cuidaba del templo, limpiaba, mantenía las lámparas y hacía el toque de las campanas. A cambio podía recoger limosnas y cultivar algunos trozos de tierra propiedad de la ermita que fueron desamortizados en el siglo XIX, pasando a engrosar el patrimonio de los más acaudalados.

Parece ser que el rey Felipe II vino a curarse la gota. Se hospedaba en casa del señor de Ballabriga. Se conserva un cuadro como memoria del suceso donde aparece el rey besando a la Virgen.

Felipe IV se resguardó aquí en su viaje durante la Guerra de Cataluña, hacia 1640.

Al comienzo del siglo XVIII cuando se declara la Guerra de Sucesión, se refugian aquí algunos sacerdotes de los pueblos cercanos. Aprovechan la estancia para crear una congregación de misionistas al frente de la cual está el cura de Monesma de San Juan: Francisco Ferrer. Esta iniciativa sería el embrión del seminario de Barbastro que en 1723 regentaban los Padres de San Felipe Neri. El seminario creció y se fue a la capital episcopal. El hueco lo llenaron los Padres Paúles entre 1752 y 1759, que también acabaron buscando casa en Barbastro.

Luego se creó un beneficio para sustentar a un prior que cuidara de los oficios religiosos en la ermita y siguió funcionando como aneja y capellanía de la colegial, teniendo un sacerdote que, allá por 1840, era también el maestro de la escuela. Cuentan que un rico de Barbastro hizo una importante donación para este santuario, con el dinero se intentó levantar un gran edificio anejo, moviéndose los cimientos de la ermita, lo que provocó una penosa restauración que hoy en día ha sido corregida.

En tiempos de López Novoa tenía La Bella dos altares, además del de la titular, el de San Antonio de Padua y el del Salvador, con pinturas de singular mérito. Aquí se veneraba también el crucifijo que los Padres de San Vicente de Paúl llevaban en sus misiones.

El 24 de Octubre de 1896 un casual incendio invadió el Santuario, siendo imposible impedir que el fuego abrasase la imagen y parte del pedestal. El día 2 de Noviembre el obispo de Barbastro visitó el pueblo y 'examinó detenidamente los desperfectos causados y acordó con el pueblo restaurar en breve la antigua imagen y capilla'. Realmente no se restauró la imagen de la virgen de la Bella sino que se realizó una nueva, ya que solamente quedo sin quemar un dedo que se guardó en un precioso relicario de plata desaparecido junto con la nueva imagen en la contienda civil española de 1936.

Las fiestas más señaladas que tenían lugar en esta ermita eran para septiembre. El 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, estaba ya instituido como día festivo de Castejón en el siglo XVI. En ese día se iba a la ermita cantando los gozos, se hacía la misa y se repartía caridad, pan primero, y últimamente tortas bendecidas.

Otro día importante es el 25 de marzo, día de la Encarnación o Virgen crespillera, fiesta pequeña que duraba dos días. Las mozas cantaban en la misa mayor, luego se organizaba la venta de pasteles y el baile. El postre típico en esa fecha son los crespillos, tan interesantes para el turismo gastronómico.

En Pascua de Resurrección también se venía a la ermita en procesión. Durante la Semana Santa se celebraba el vía crucis que transcurría por el camino que separa la parroquial de La Bella. En la piedra se incrustaban las cruces de las diferentes estaciones y al final estaban las tres representando el Calvario. Todas fueron derribadas durante la Guerra del 36, sólo quedan los fundamentos donde asentaban.

En el trayecto estaba la cruz de San Pedro de Mártir, 29 de abril, desde donde se bendecían los términos, esta cruz desapareció hace muchos años y la fecha de bendición se llevó al 3 de mayo, fiesta de la Santa Cruz. También recuerdan, debajo de la ermita, la Piedra del Pan pero no se recuerda el por qué de ese nombre y, en el trayecto de la ermita al pueblo, otra piedra conocida como la cama de los novios marcada en el camino. Probablemente relacionada con cultos de fertilidad. Tras la celebración del matrimonio y para que este fuera fructífero, se visitaba.

Muchas gentes venían hasta aquí para reclamar la protección de la imagen, sobre todo en las gestaciones y en los nacimientos, llevándose un viejo manto que se ponía encima de la sábana durante el parto, también cogían aceite de la lámpara que en caso de apuro servía para aplicarlo sobre el vientre haciendo la señal de la cruz.

Los autores eclesiásticos que han escrito sobre los poderes milagrosos de la imagen dicen que cura del pecado interior, quizá se refieran a las crisis de fe. Lo cierto es que se atribuyen a esta imagen, dos veces destruida y sobre cuyo rostro según creencia popular no se pone el polvo, innumerables milagros. Dos de estos, acaecidos no hace muchos años, se recuerdan bien:

El primero aconteció en 1872 a una montisonense llamada Isidora Gudel que privada de la vista y desahuciada por un par de médicos, vino a la ermita, se untó con el aceite de la lámpara, oró y al estar besando la efigie mariana en el camarín recobró la vista.

En 1932 a la vecina de Castejón, Teresa Serrablo, se le detuvo el proceso del parto y no podía dar a luz. En tal situación sólo cabía la muerte, por lo que se le administraron los santos óleos. Cuentan que entonces se encomendó a la Virgen y parió un niño muerto, aunque el milagro fue que ella se salvó.

Así es como la fe popular ha ido consagrando la costumbre de cuando nace un niño se iba a la Bella para dar gracias a la Virgen y para la purificación de la madre.

La imagen primitiva viene descrita en la obra recopilatoria del padre Faci: sedente, con la mano izquierda sostenía al niño con el orbe y en la derecha llevaba una azucena, atributo de la pureza y virginidad. Quemada en 1896, como se ha dicho, se incluyó un resto que quedó de la escultura en la que se hizo nueva. Esta acabó en la hoguera en el 36 y la actual, guardada en la capilla del Ayuntamiento, se traslada en la fiesta de septiembre a la parroquial, donde preside los actos religiosos.


Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'

miércoles, 23 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Fiesta del Crespillo en Barbastro


El crespillo es un original postre típico de Barbastro y del Somontano cuya elaboración difiere de uno a otro cocinero, pero que siempre toma como base las hojas más tiernas de las borrajas. Esta verdura se reboza en una masa elaborada principalmente con huevo, harina, anís y levadura, se fríe y se espolvorea con azúcar o canela. También hay quien le añade el cocimiento de la naranja, e incluso leche.

Los crespillos pueden elaborarse como se hacían antes en el mundo rural, donde los obtenían de las pencas de las borrajas o de las acelgas (de las partes que desechaban), y reservaban aparte los cogollos. Era el método utilizado por las mujeres aragonesas para aprovechar todo, reservando lo mejor de la verdura para la comida y sirviendo de postre lo que normalmente se tiraba.

Según la tradición, el domingo más cercano al 25 de marzo, festividad de la Encarnación, en que la Virgen se quedó encinta para dar a luz nueve meses después, en diciembre, a la vez que se recogen las aceitunas de los olivares. Si la Virgen y las oliveras obtienen su fruto a la vez, es probable que se preñaran también al mismo tiempo. Por eso la realización de ese postre debe tener lugar el 25 de marzo, para propiciar el preñado de las oliveras, esto es, para que se polinicen las flores de los olivos y den buena cosecha.

Desde el punto de vista antropológico, esta costumbre celebra la llegada de la primavera, el renacer de la naturaleza y la dignificación de las tareas agrícolas.

Esta tradición ha sido potenciada en los últimos años, convirtiéndose en fiesta gastronómica, llevándola a la calle en medio de un gran ambiente popular, amenizada con música, que favorece la degustación gratuita de este rico postre. Pero no hay que olvidar que se trata de una tradición casera de toda la vida. Es una fiesta en la que religiosidad y tradición van de la mano, y el crespillo se hace conmemorativo, litúrgico y ritual.

La Plaza del Mercado acogerá desde primeras horas de la mañana esta fiesta recuperada y organizada por el grupo cultural Tradiciones. Participan más de cincuenta cocineros y voluntarios de asociaciones involucradas que trabajarán en la elaboración de miles de crespillos que se podrán degustar a partir de las 12:00 horas del mediodía, amenizado todo ello con música popular.

Las Damas mayores e infantiles son las encargadas de repartir los crespillos, acompañados con un dulce vino de uvas macabeo y moscatel, entre los cuatro mil asistentes, tanto barbastrenses como visitantes que haciendo turismo libre se acerquen a la Plaza del Mercado.

En las últimas ediciones se viene utilizando alrededor de 60 docenas de huevos, 70 kilos de harina, 75 kilos de azúcar, 20 litros de leche, 140 litros de aceite de oliva, 8 botellas de anís, 20 cajas de levadura Royal, 15 cajas de gaseosa y medio kilo de anís en grano, además de casi 10.000 hojas de borraja y cientos de hojas de espinacas. Todo ello para elaborar unos 10.000 crespillos.

Es una fiesta popular, gastronómica y sencilla, que hacen que ese día, Barbastro huela a postre.

En otros muchos pueblos de la Comarca del Somontano se elaboran crespillos el día de la Encarnación y también se organizan degustaciones populares: Azlor, Estadilla, Salas Altas, Salas Bajas, Castejón del Puente, Castillazuelo, Pozán de Vero...

En algunos pueblos el aceite de freír los crespillos se llevaba a los olivares para untar con él las yemas de los árboles. En otros, lo que se llevaba era el ajaceite de la rematadura, creyendo que así se doblarían de olivas.

RECETA DE LOS CRESPILLOS


Ingredientes


800 grs de hojas tiernas de borraja
300 grs de harina
200 grs de azúcar
2 huevos
2 Gaseosas de sobre
El zumo de media naranja
1/4 l. Leche
aceite de oliva.

Preparación


Batir las yemas de huevo con el azúcar hasta que esté bien espumoso. Luego con la harina, un poco de leche, las gaseosas y quien lo prefiera con el zumo de una naranja, se prepara una pasta muy ligera con la que se rebozan las hojas más tiernas del cogollo de la borraja, una vez bien limpias y troceadas. La harina habrá que irla incorporando hasta que la pasta no escurra.

Se fríen en aceite muy caliente, si la masa está bien hecha, el crespillo se dará la vuelta solo en la sartén, y cuando estén dorados se escurren y, en frío, se espolvorean con azúcar.

Consejos


Existe una variante más sofisticada de esta receta que añade a los ingredientes para la pasta una copita de anís y deja las hojas de borraja a remojo en leche durante quince minutos antes de rebozarlas y freírlas.


Ver Plaza del Mercado de Barbastro en un mapa más grande

Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'

lunes, 21 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Camino al Monasterio de El Pueyo en Barbastro


Ver. Camino Monasterio de El Pueyo. en un mapa más grande

Duración aproximada: 3 h. y 40 min.
Distancia aproximada: 13 km.
Desnivel: 262 metros.
Dificultad: Baja.
Época: Todo el año.
Punto de partida: Cruz en el barrio de Santa Bárbara, situada al final de la Calle Virgen del Plano.
MIDE:
  • Severidad del medio natural: 1.
  • Dificultad de orientación: 1.
  • Dificultad de desplazamiento: 1.
  • Esfuerzo requerido: 3.
Recomendaciones: Llevar calzado adecuado, evitar salir al monte en los días de máximo calor y llevar algo de agua, aunque en el Monasterio hay fuente de agua potable.

El término Pueyo viene del latín 'podium', que significa 'lugar alto'. Y es que el Monasterio se sitúa sobre un monte cónico elevado a 603 metros sobre el nivel del mar. Parece verosímil la existencia en esta peña de un castillo en la Edad Media, que probablemente lo utilizarían los cristianos en 1099 para lanzarse a la conquista de la ciudad del Vero; y que anteriormente habría estado en posesión de los musulmanes. Las primeras menciones documentales son del siglo XII, precisamente en el momento de la conquista de la ciudad.

Partiendo desde cualquier lugar de Barbastro debemos dirigirnos al punto inicial de nuestra marcha ubicado en la Cruz del barrio de Santa Barbara, de donde parten dos caminos. El de la derecha nos conduciría a la ermita de la Virgen del Plano, pero nosotros cogeremos el de la izquierda que nos permite tomar el Camino de los Canónigos, atravesando los depósitos que suministran agua potable a la ciudad y cruzando la acequia de Selgua, discurrirá nuestra caminata entre campos de oliveras, almendreras y de cultivos propios de la zona.

Monasterio de El Pueyo en Barbastro (Somontano, Huesca, Aragón, España)
La leyenda se sitúa tras la conquista definitiva, en el año 1099, de Barbastro por Pedro I, y coincidiendo con la llegada del decreto papal para el traslado de la sede episcopal desde Roda de Isábena a Barbastro. Cuentan que un pastorcillo, apenas adolescente, llamado Balandrán, originario de Morilla (hoy en día una aldea perteneciente a Ilche), habiendo conducido una noche de abril de 1101 su rebaño a la cima del monte, oyó desde la cabaña donde dormía, músicas celestiales y voces, llamándole por su nombre hasta tres veces. En medio de la noche oscura, presa del temor, salió fuera de su refugio pastoril y se topó con la imagen de la virgen entre las ramas de un almendro, rodeada de ángeles. Comunicó la noticia a los vecinos de Barbastro, pero en un principio dudaban de sus explicaciones, sin embargo, una marca en el rostro del pastor confirmaba la aparición de la Virgen. Entonces los barbastrenses no dudaron en subir en procesión y edificaron a la virgen una primitiva ermita al estilo rústico y tradicional de la zona.

En aquella modesta ermita San Balandrán sirvió de sacerdote toda su vida hasta su muerte. En una pequeña estancia vecina a la iglesia del actual monasterio se halla una tumba de características góticas donde se haya sepultado San Balandrán, el cual era un hombre de gran estatura y poderío físico para aquella época. Cuenta una tradición oral de la Comarca del Somontano que los hombres y mujeres en edad de merecer debían ser capaces de abarcar con sus brazos extendidos toda la longitud de la tumba a fin de poder conseguir pretendiente con el que llegar a compartir los rituales sagrados del matrimonio.

El camino de los Canónigos nos lleva hasta coger el camino de los Oncenos. La historia dejó testimonio de cómo fue la primera peregrinación al Pueyo, que con seguridad transcurrió por los mismos caminos que nosotros recorremos ahora: 'Fue una devota y solemne procesión, compuesta del clero, autoridades y pueblo. Balandrán la precedía, como Moisés al pueblo hebreo. Todo el pueblo se postró alrededor del privilegiado almendro, adorando con lágrimas de ternura a la Reina del cielo en su devota imagen y dando gracias infinitas a Dios por el inmenso beneficio. Secundada así la Voluntad de Nuestra Señora, de que el pueblo de Barbastro acudiera a venerarla, los asistentes a la procesión regresaron a la ciudad a la caída de la tarde'. Y así es como nació la tradicional romería, conservada hasta nuestros días, y que cuenta con más de novecientos años de historia.

El camino de los Oncenos nos conduce hasta una humilde ermita dedicada a San José, a los pies del monasterio, donde es necesario reunir ánimos para emprender la cuesta final. Esta ermita y su altar han sido restaurados recientemente por la Asociación de Amigos del Pueyo. Este último tramo coincide con el acceso asfaltado desde la carretera N-240 hasta la cima del monte. Pero antes pasaremos junto a la Plaza del Sol, escenario de celebración de comidas populares y actividades lúdicas los días de romería; para finalmente alcanzar el Monasterio de El Pueyo.

La actual iglesia del Monasterio data del siglo XIV. Es un templo gótico de una sola nave con la cabecera ampliada a mediados del siglo XVII. El retablo de 1630 fue destruido en la Guerra Civil. El Camarín de la Virgen se puede visitar pasando por detrás del altar para ver una imagen de madera policromada de la misma, donde los devotos suelen rezar y depositar una limosna; es obra del siglo XVIII y está decorado con frescos de Francisco Bayeu sobre escenas de la vida de la Virgen, y restaurados en 1994 por Liberto Anglada. La Virgen se trata de una copia, la original fue robada. También son de destacar los mantos de la Virgen o la tosca sillería del coro de la iglesia hecha por los mismos monjes.

Nuestra Señora del Pueyo despierta gran devoción en el Somontano, como atestiguan por ejemplo los sepulcros de Diego de Berbegal y Ana Buil que se conservan en el interior y las numerosas poblaciones de la comarca que celebran durante la primavera romerías hacia el Santuario. Estas romerías populares al santuario comienzan el primer lunes de Pascua y se prolongan hasta los meses de verano, generando una actividad lúdica, social, cultural y religiosa.

En el siglo XVII subían en romería mas de 50 pueblos, casi todo el Somontano; en el siglo XVIII, eran 33; a principios del XIX, durante la Guerra de la Independencia, son sólo nueve: Barbastro, Antillón, Blecua, Bespén, Fornillos, Permisán, Pozán de Vero, Peraltilla, Abiego y Castillazuelo.

Los más antiguos subiendo son Antillón, Bespén y Blecua, romerías en las que sólo participaban hombres, y datan de 1545. Peraltilla sube desde el año 1645. Cesó en 1877, pero luego reanudó su romería hasta el 1931, en que de nuevo cesó hasta pasar la Guerra Civil.

En el año 1251 el rey de Aragón Jaime I el Conquistador fecha en Lérida un decreto por el que concede al Pueyo de Barbastro una capellanía oficial, cumpliendo así la petición de su esposa por establecer un Santuario en el Pueyo.

En el año 1834, durante la desamortización de Mendizabal, un grupo de prohombres barbastrenses consiguió recuperar el Santuario para la ciudad del Vero gracias a una rápida galopada entre ambas ciudades. La política de desamortizaciones pretendía vender en pública subasta los terrenos del clero y recaudar fondos para el Estado. Uno de los bienes subastados serían los terrenos del Monasterio de El Pueyo. Estaba previsto sacarlo en pública subasta primero en Huesca y unas horas después en Barbastro. Pero un grupo de vecinos de Barbastro se confabularon para impedir que estos terrenos cayeran en manos de personas o empresas ajenas a la ciudad. Así, se recaudó dinero y se decidió participar en la subasta con el fin de que estos terrenos fueran de propiedad municipal. Pero para ello había que saber cuál era la cantidad ofertada en Huesca, para horas más tarde subir la cifra en la subasta a celebrar en Barbastro. Se estableció la siguiente estrategia: un jinete barbastrense acudiría a la capital para conocer la cifra pujada y después recorrer a caballo la distancia de vuelta. A lo largo de los más de cincuenta kilómetros se prepararon varios caballos para permitir al jinete llegar antes del final de la puja que se celebraba en Barbastro.

Hoy en día se rememora anualmente este hecho histórico, gracias al Club de Atletismo de Barbastro, con una carrera simbólica saliendo de la Delegación de Hacienda en Huesca y con meta en el Santuario; estableciendo varios relevos con el fin de hacer la prueba más llevadera y participativa. Y una vez llegados al Santuario se entrega a la Virgen una réplica del acta notarial de propiedad del Santuario para recordar que el esfuerzo de unos barbastrenses en el siglo XIX permitió que hoy todos los vecinos del Somontano puedan disfrutar de este enclave.

En el año 1889 el Abad de Montserrat establece una comunidad benedictina con monjes procedentes del Santuario de Treviño (Adahuesca) y de Montserrat en Barcelona, inaugurando el Monasterio del Pueyo el 13 de diciembre de 1889. Se encargaron de atender el culto y cuidar los edificios y el patrimonio del Monasterio.

El 1 de octubre de 1962 la comunidad benedictina abandono el monasterio, y el 17 de octubre de ese mismo año se instala la congregación del Corazón de María que lo hicieron noviciado de la provincia Claretiana de Aragón. Entre sus habilidades se encontraba la elaboración de un buen vino Macabeo, 'que no produce mareo y quita el cabreo', según rezaba su etiqueta de comercialización.

De la presencia de estas dos últimas órdenes religiosas en el Monasterio, ha quedado testimoniada en las dos representaciones de los fundadores que acompañan a la imagen de la Virgen: San Benito, fundador de la orden benedictina, y San Antonio María Claret, fundador de los misioneros claretianos.

Los últimos claretianos han permanecido en el Monasterio hasta septiembre del año 2009, donde actualmente han tomado el relevo los religiosos del Instituto del Verbo Encarnado.

De estilo gótico primitivo, el edificio sigue una línea arquitectónica traída por los monjes cistercienses desde el sur de Francia a finales del siglo XIII. La biblioteca que conserva el Monasterio es uno de sus emblemas, con más de 30.000 obras de literatura latina, española y francesa, sagradas escrituras, ejemplares de derecho canónico y civil, de medicina e historia o ejemplares de cultura aragonesa.

Una extensión espectacular se ve desde el Pueyo por los cuatro costados. Hasta cincuenta pueblos con buen día y buena vista. Desde la mesa orientadora que pusieron los militares del Regimiento de Cazadores de Montaña en un balcón mirador, se señala de Sierra Gratal hasta San Quilez, pasando por Guara o Peña Montañesa.

Para el regreso a Barbastro disponemos de varias alternativas: la primera, volvemos a realizar el mismo camino de subida pero esta vez en sentido contrario; una segunda posibilidad, y si disponemos de tiempo para hacer más turismo libre, podemos atrevernos con rutas alternativas, tanto dirigiéndonos desde la Plaza del Sol hacia el norte, buscando la cantera del Pueyo y el Camino Ras Guardia que nos llevaría hasta Castillazuelo, pero que debemos atajar para no hacer un gran rodeo si queremos volver a Barbastro. Y una tercera alternativa es, buscando la orientación sur para retornar a Barbastro pero a través de campos en Fornillos y recordando la cabañera del Camino Real de Zaragoza.

Artículo publicado y adaptado en audioguía en 'Descubre el Somontano de Barbastro -->'

viernes, 18 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Camino de La Costera en Pozán de Vero

Pozán de Vero (Somontano, Huesca, Aragón, España)

Duración aproximada: 4 horas.
Dificultad: Baja.
Época: Todo el año.
Punto de partida: zona deportiva de Pozán de Vero.
MIDE:
  • Severidad del medio natural: 2.
  • Dificultad de orientación: 2.
  • Dificultad de desplazamiento: 2.
  • Esfuerzo requerido: 1.
Recomendaciones: Ir provistos de agua, llevar calzado adecuado y evitar salir al monte en los días de máximo calor.

Este itinerario lineal empieza y termina en la zona deportiva, junto a la báscula municipal de Pozán de Vero. Es apto para realizar a pie y también para el turismo libre en bicicleta de montaña (excepto el último tramo de subida al mirador de 'La Costera').

En el yacimiento de la Costera de época ibero-romana se documentan restos de estructura arquitectónica de los siglos III y II A.C, ya que el río era una arteria de comunicación, este se convierte en un lugar clave de control. Existe la hipótesis que La Costera estaba comunicada mediante una vía romana con los yacimientos de el Plano de Salas Bajas, La Cabañera de Montesa y con Costean.

La ruta en parte coincide con la Ruta BTT de los Viñedos que discurre por las localidades de Buera, Salas Altas, Salas Bajas, Pozán de Vero y Huerta de Vero.

Desde aquí el camino empieza ascender hasta alcanzar la planicie cultivada. Una vez allí, la ruta serpentea entre campos de cereal, viñedos, olivares y almendrales hasta llegar a los pies del cerro del Puntón. Una senda por un bosque de pinos te llevará a la cumbre a 633 metros. Impresionantes vistas sobre el Pirineo, la sierra de Guara o los viñedos de la Comarca del Somontano recompensarán el esfuerzo de cualquier visitante.

Todo el camino está flanqueado por cultivos mediterráneos: la vid, el cereal, el olivo y el almendro. Desde la Antigüedad, los hombres han valorado la fertilidad de estas tierras. Los romanos ya trabajaban la vid y el cereal en la cercana villa de El Plano (Salas Altas). En la actualidad el monte de Pozán de Vero es un enorme mosaico de cultivos de secano.

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miércoles, 16 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Ruta de Santa María de Dulcis en Buera

Ruta de Santa María de Dulcis en Buera (Somontano, Huesca, Aragón, España)

Duración aproximada: 2 horas en total si se realiza a pie.
Dificultad: Ninguna, ya que se trata de un camino asfaltado.
Época: Todo el año.
Longitud: 4 kilómetros en total.
Punto de partida: calle Mayor de la localidad de Buera.
Desnivel acumulado: 40 metros.
Recomendaciones: Aunque en el Santuario de Dulcis hay una fuente, se recomienda llevar algo de agua para el camino.

Buera es un lugar excelente para realizar sencillos itinerarios por las onduladas serranías del norte de la Comarca del Somontano, en las que sorprende la diversidad de colores y formas, como si de un mosaico se tratara. A través de la ruta de Santa María de Dulcis también es posible conocer importantes elementos artísticos y etnográficos integrados en el Parque Cultural del Río Vero.

Antes de partir de Buera es conveniente pedir la llave del Santuario de Dulcis en casa de Ana (Cl/ Mayor, número 1). De la calle Mayor, situada a la entrada de la localidad, parte el camino asfaltado que debemos tomar. A lo largo del recorrido existen varios paneles interpretativos, en los que se ofrece una valiosa información de los diferentes elementos de interés.

En primer lugar se atraviesa el Llano de San Juan, donde se extienden los campos de cultivo limitados por viejos muros de piedra. A lo lejos pueden verse las siluetas inconfundibles de la Sierra de Guara, de la Sierra de Sevil y de la villa medieval de Alquézar. A 700 metros de Buera encontramos la ermita de San Juan Bautista, lugar donde se reúnen, el domingo más próximo a cada 24 de Junio, los jóvenes y mayores de Buera a saborear los bocadillos, tortas y vinos que las Mairalesas preparan para la fiesta de San Juan.

De la misma ermita, en un desvío a la izquierda, parte el camino que conduce, en tan sólo 5 minutos, al magnífico Pozo de hielo de 'Os Moros', obra de planta circular y grandes dimensiones, cubierta con una hermosa cúpula totalmente construida en piedra y semienterrada a un nivel inferior al suelo.

Según la tradición allí se ponían en su interior placas de hielo cogidas del barranco, estando cada capa de placas de hielo, separada de la siguiente por capas de paja. Estas láminas recias de hielo eran usadas en verano para refrescar. Comentan los más mayores de la zona que este hielo era transportado por la noche para ser usado por los jefes musulmanes residentes en el castillo de Alquézar. Este pozo podría perfectamente ser romano y no árabe. El hielo y la nieve eran muy apreciados, especialmente desde finales del siglo XVI, llegando a convertirse en una fuente de ingresos económicos esenciales para los Concejos que disponían de ellos.

De nuevo es necesario regresar a la ermita de San Juan para proseguir la ruta que conduce al Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, testigo del continuo ir y venir de multitud de peregrinos jacobeos que hacían un alto en el camino. Situado en un bello paraje poblado de encinares y quejigales, y en una pequeña explanada donde, oculta entre centenarios olivos y esbeltos pinos, se alza una sobria ermita de austeros muros, guardianes de un auténtico tesoro mudéjar para todos los amantes del arte.

El Santuario de Santa María de Dulcis data del año 1610, y está construida sobre un antiguo templo románico. Según la leyenda, tras la expulsión de los moros de estas tierras durante la reconquista, la imagen de la Virgen apareció sobre un panal de miel, siendo éste el origen de su advocación. El recinto era un importante centro espiritual que dependía de la cercana Colegiata de Alquézar, y un punto de descanso para viajeros y peregrinos.

La casa donde vivían los monjes encargados de su cuidado, y una pequeña hospedería con cuadras; sin embargo, actualmente sólo queda en pie la ermita, aunque podemos llegar a intuir la importancia del lugar al contemplar los grandes arcos de la antigua hospedería, que se resisten a caer en el olvido. Pero es en el interior, donde el lugar sorprenderá más al viajero con sus yeserías mudéjares. La vista se pierde entre entramados geométricos imposibles, para terminar fijándose en la bóveda, el auténtico corazón de la ermita.

Junto al templo existe un área de descanso, con fuente y paneles de información para el turismo. También se sitúa el singular 'Bosque de los Olivos', representativo de la importancia que tiene este cultivo en la zona, y donde es posible conocer las 13 variedades de olivo existentes en estas tierras: Royal, Negral, Alía, Alquezara, Gordal, Cerruda, Alquezrana, Neral, Piga, Arbequina, Blancal, Panseñera, Verdeña y Empeltre.

Del santuario parte el camino que conduce al Mirador de la Barraca, desde el que puede disfrutarse de excelentes panorámicas de este sector del Somontano. Pocos metros más adelante es posible tomar el camino que enlaza con el de regreso a Buera.

Desde el Camino de Dulcis es posible realizar otras rutas senderistas señalizadas, como acceder a Colungo a través del Sendero Histórico, o a Salas Altas siguiendo la Ruta de las ermitas del Somontano.

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lunes, 14 de marzo de 2011

Descubre el Somontano: Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, en Buera

Santuario de Nuestra Señora de Dulcis en Buera (Somontano, Huesca, Aragón, España)

El Santuario de Nuestra Señora de Dulcis, en Buera, construido a mediados del siglo XVII, y declarado como BIC (Bien de Interés Cultural) en el año 2002, fue edificado sobre la base de un pequeño templo románico del siglo XIII, siendo dependiente de la cercana Colegiata de Santa María de Alquézar.

El primitivo templo debió de quedarse viejo, pequeño para la gran afluencia que soportaba, melancólico y oscuro; y por ello, en el año 1658 se emprendió la construcción del nuevo santuario, que ha llegado hasta nuestros días. El siglo XVII, especialmente en Aragón, fue época de crisis política, económica, hambrunas, epidemias y guerras. Ante tantas penurias, un hondo sentimiento de religiosidad llevará a las comunidades a asumir los gastos en la construcción de nuevos templos, capillas y oratorios.

En este contexto debe interpretarse la construcción del Santuario de Dulcis, y así se muestra en las dificultades económicas que se hubieron de superar para finalizar las obras. Un ejemplo de ello fue la solución adoptada por las mujeres del lugar para donar el dinero proveniente de la venta en los mercados de los huevos, que pusieran las gallinas los sábados, y así poder financiar las obras del templo, que se concluiría en 1664.

Actualmente la iglesia se levanta exenta, ya que los edificios que conformaban la 'Casa' con las dependencias de la comunidad y la hospedería fueron demolidos, quedando sólo algunos paramentos de sillar y la cisterna o aljibe donde se recogía el agua de lluvia, todo ello junto a la fachada sur del templo. Precisamente en el primer tramo de la nave de este muro, junto a la capilla, se abría uno de los accesos al interior, en arco de medio punto dovelado. También son visibles algunos de los contrafuertes originales de la fachada. La casa proporcionaba habitación al Prior y capellanes, y era utilizada como hospedería para peregrinos y viajeros por la Comarca del Somontano. Constaba de cuatro plantas. En la planta baja tenía bodega, lagar con tres cubas de vino y una cuadra espaciosa.

Exteriormente, muestra un aspecto sobrio y austero, sin ornamentación propio del barroco aragonés, debido a las dificultades económicas del momento los materiales elegidos para la construcción son austeros: generalmente ladrillo y escaso uso de la piedra sillar. Sin embargo, el interior del templo ofrece una decoración de yesería de tradición mudéjar, que es lo más sobresaliente de esta iglesia. Dulcis es uno de los edificios más completos y espectaculares decorados con este tipo de ornamentación, que se impondría en Aragón después de 1610. La fachada norte ha sido revocada con cemento y cal, dejando visibles las esquinas, el basamento de sillar y cuatro zonas en la parte alta donde se aprecia el aparejo original de ladrillo. Se completa esta fachada con tres contrafuertes.

La fachada está compuesta por dos cuerpos: el inferior con basamento de piedra sillar ligeramente resaltado, y el superior realizado en ladrillo. La separación entre ambos se realiza con una imposta de ladrillo aplantillado en cuarto de bocel y una hilada del mismo material en saledizo. Todavía se aprecian en la zona de ladrillo los mechinales que fueron tapados en alguna anterior restauración.

Sobre el tejado a doble vertiente cubierto con teja árabe, únicamente sobresale el volumen octogonal de la linterna de la cúpula del presbiterio realizada en ladrillo, donde abre un vano en arco de medio punto en cada lado entre pilastras que sobresalen en las esquinas.

La entrada principal se sitúa en la fachada de los pies, orientada al oeste, única realizada enteramente en piedra sillar. En el centro abre la portada en arco de medio punto dovelado, sobre el que se coloca una hornacina avenerada. En la parte superior está el óculo que ilumina la nave desde el coro, completando la composición de la fachada.

Al entrar en el templo se pasa bajo el sotocoro que soporta el coro alto, sobre amplio arco carpanel. Lo primero que llama la atención es un pilar colocado en el centro de la nave y que sirve para garantizar la estabilidad de la nave en esta parte de la bóveda.

La iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de lunetos y dos capillas laterales a modo de crucero. Los tramos de la nave se separan por pilastras de escaso relieve adosadas a los muros, que se prolongan en altura mediante arcos fajones o perpiaños que ciñen la bóveda y la dividen en sus cuatro tramos. Una cornisa a modo de entablamento y que va adaptándose en su recorrido a los avances de las pilastras, decorada con dentículos o dentellones, recorre toda la longitud de los muros, incluidos los laterales del presbiterio. Mediante esta solución se crea desde los pies de la nave una perspectiva que lleva a dirigir la mirada instintivamente hacia el punto focal más lejano: el presbiterio, de planta cuadrada, cubierto con cúpula sobre pechinas provista de linterna y a su lado norte se adosa la sacristía. El elemento más destacado de este edificio es la magnífica decoración interior de yeserías en: bóveda de cañón, arcos fajones, arcos torales, cúpula del presbiterio y capillas laterales. Dos repertorios ornamentales diferentes se conjugan en Dulcis; de un lado, los de clara raigambre mudéjar, que se ubican en la bóveda de la nave, capilla del lado sur y algunos elementos de la decoración del presbiterio, como el entrelazo y las estrellas; de otro, los de carácter 'más barroco', de filiación clásica y occidental, como los que se hallan en la capilla del lado norte y en otras zonas del presbiterio. La técnica para el tratamiento del yeso, es mixta: combina la talla y el molde. Partiendo de una red esbozada y marcada previamente sobre los planos de yeso fresco de la bóveda, se procede a la talla de los lazos o cintas, que se entretejen formando diseños geométricos. En los huecos que deja esta red, se aplican motivos elaborados a molde. Esta conjugación de estilos consiguen crear un espacio dotado de una gran plasticidad y movimiento.

La nave se estrecha al llegar al arco triunfal por el que se accede al presbiterio. Este estrechamiento se produce por una pilastra doblada y por el avance de las jambas del arco hacia el eje longitudinal de la nave. Este avance viene dado por la necesidad de compensar el peso que debe soportar este arco, que no puede distribuirse como en los otros tres torales mediante su apoyo en los muros.

Los paños que decoran la bóveda ofrecen un repertorio ornamental sumamente variado: todos ellos son diferentes. Los paneles presentan una decoración seriada, susceptible de ser prolongada hasta el infinito. Las estrellas con las que han sido cubiertos estos paneles simulan la bóveda celeste. La luz natural y, más aún la de las velas, produce la sensación de que la bóveda ha perdido su consistencia sólida, generando un espacio fluido e inmaterial, efecto éste que viene potenciado por la utilización de la bicromía blanco-crema.

Esta bicromía contrasta con la de blanco-gris que es aplicada en el presbiterio, en donde además de la utilización de ornamentación de tradición mudéjar, se utiliza el repertorio clásico. Otro elemento que redunda en la singularización de este espacio, es el tratamiento de la luz natural. Mientras que la nave, iluminada sólo por el óculo abierto a los pies, queda en penumbra, la luz que penetra a chorro por la linterna de la cúpula, ilumina vivamente el presbiterio.

La decoración con yeserías de lazo, supuso una auténtica moda ornamental en todo Aragón en el siglo XVII, pero pocas de estas obras alcanzan la perfección y la calidad técnica de la que hicieron gala los maestros que trabajaron en Santa María de Dulcis.

Las yeserías de Nuestra Señora de Dulcis son por su estado de conservación y por su riqueza decorativa un raro ejemplo de arte barroco aragonés de estilo mudéjar junto a una de las capillas de La Seo de Zaragoza, y las iglesias altoaragonesas de Juseu y Peralta de la Sal. Estas bóvedas de yeserías han recuperado el esplendor de antaño tras haber sido restauradas recientemente.

La restauración ha permitido completar la reforma del resto de las yeserías del templo, así como la consolidación de paredes, carpintería, alumbrado y suelo. La actuación se ha completado con la urbanización del exterior, el merendero, la fuente y la señalización para el turismo del ‘Bosque de los olivos’, representativo de la importancia que tiene este cultivo en la zona. Los nombres de las variedades de olivas que se dan en este bosque son: Royal, Negral, Alía, Alquezara, Gordal, Cerruda, Alquezrana, Neral, Piga, Arbequina, Blancal, Panseñera, Verdeña y Empeltre.

La ermita de Santa María de Dulcis es centro espiritual de primer orden de la Comarca del Somontano, y lugar tradicional de romería a principios de mayo y al que acuden vecinos de Buera, Alquézar, Radiquero, San Pelegrin, Colungo, Asque y Huerta de Vero. La tradición de venerar a la Virgen en este lugar, en el que se apareció, se remonta al siglo XII. Las primeras noticias documentales que se poseen del lugar, son de esta época y aparece con el nombre de "Ocis", "de Ozis" y "d’Ulcis", para posteriormente derivar en el término Dulcis, con el que hoy se conoce. Se sitúa en un plano en el que abundan las aliagas, el romero y el tomillo y son numerosos los panales de abejas en sus alrededores, y a partir del cual, surgirá la leyenda popular que tras la expulsión de los moros de estas tierras durante la reconquista, se apareció la Virgen sobre uno de aquellos panales de miel, en el lugar que hoy se venera su imagen.

Este lugar también tiene un alto valor etnográfico, debido a su vinculación con el cultivo del olivo. La tradición popular otorga a la Virgen de Dulcis propiedades de curación y protección frente a enfermedades relacionadas con la garganta. Hoy todavía se conserva la tradición de ungir la lengua a los niños con aceite del santuario para que aprendan a hablar pronto y sean locuaces. También se conoce de peticiones para la curación de enfermedades tan curiosas como el garrotín, viejo nombre de la difteria.

Reloj solar


Los visitantes de Buera, sus vecinos y aquellos amantes del contacto con la naturaleza y el patrimonio ya pueden perderse por los alrededores del santuario de Santa María de Dulcis o por el 'Bosque de los Olivos' sin el temor de que se les eche el tiempo encima. Un gran reloj solar marca las horas a la antigua usanza del medio rural proyectando la sombra del astro rey sobre doce olivos plantados entre la ermita y el bosque formado por todas las especies olivareras que se cultivan en la comarca del Somontano.

Se trata de un reloj de sol horizontal de grandes dimensiones, con 20 metros de largo por 14 de ancho y 11 metros de mástil. La singularidad radica en que cada una de las horas que marca coincide con un olivo de una variedad de la comarca del Somontano.

La creación de este reloj solar ha sido un trabajo de colaboración conjunto entre el Museo Ca l'Agustí de Alpicat, el Torno de Buera y la Asociación Olearum donde el equipo humano ha sido fundamental para su realización. El diseño ha sido realizado por Agustín Serés y en su construcción ha participado también Mariano Lisa, ambos miembros de Olearum.

Con la instalación de este reloj se pretende rendir un nuevo homenaje al olivo donde el tiempo parece detenerse, y a sus gentes, aquellas que con su esfuerzo, y sacrificio permiten que las generaciones futuras le vean crecer.

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